Abuela.
Dime hija.
He calculado que llevas 18.250 días y noches en este desierto, que me dijiste es el más grande del mundo desde que os tuvisteis que ir de vuestra tierra.
Sí hija.
Y ahora que voy a cumplir 18 años ¿ no podría yo ir a nuestra tierra siendo que no me conocerán?, es que como me dijiste que tiene mar me gustaría verlo, nunca he visto el mar.
Así debería ser, pero de momento sigue sin ser posible.
¿ Y me puedes decir porqué?
Es que de los que mandan en el mundo los hay que sí nos lo permitirían, pero muchos más que dicen que no; que somos «apátridas», aunque los mayores conservamos nuestro D.N.I. español, nos traicionaron el año 1.975.
Entonces, ¿ cuando podremos ir ?.
Sería muy fácil si no hubiera egoísmos, desprecios, avaricias, intereses económicos, nuestra tierra es rica; además han hecho un muro de 2.700 km. y enterradas miles de minas para evitar que volvamos.
Pues aún con todo, yo quiero ir.
Y yo hija, y yo, y todos, que somos 175.000; te prometo que no sé cuándo pero volveremos y verás el mar.
Se miran fijamente, a las dos, Embrasca y Asil se les deslizan unas lágrimas por su arrugado y joven rostro.
Autor: Pedro Valer